
El ejercicio físico es una herramienta segura con beneficios reales para la salud física y emocional de las personas que conviven o han convivido con un cáncer. La evidencia científica también lo relaciona con posibles efectos positivos en la supervivencia y con la reducción del riesgo de recurrencia. Pero, ¿qué significa esto realmente en la práctica? ¿Es seguro en todos los casos? ¿Cómo se puede hacer de forma adecuada?
